La comunidad de Chilecito vivió un día cargado de conciencia y acompañamiento. Cada 15 de febrero, esta fecha busca poner en agenda una realidad que afecta a cientos de familias y que necesita del compromiso de todos.
Uno de los momentos más significativos fue el testimonio de Yanina Quiles, madre de un niño que hoy tiene 11 años y se encuentra en remisión luego de casi cinco años de tratamiento iniciado a fines de 2021, en plena pandemia. “Es una lucha enorme. Mi hijo está bien, pero el camino es muy duro: las distancias, la soledad del tratamiento y las pérdidas que uno ve en otros chicos”, expresó.
Yanina explicó que en la ciudad no existe atención oncológica pediátrica, lo que obliga a las familias a viajar a Córdoba para continuar los tratamientos. “Las licencias laborales no alcanzan y muchas familias pierden su trabajo. Es una situación muy difícil”, señaló. En ese contexto, destacó el acompañamiento de Lazos Dorados y de la Fundación Soles, organizaciones que brindan contención, ayuda económica y apoyo constante.
Durante la jornada también tomó la palabra Romina Quinteros, referente local, quien remarcó la importancia de la participación comunitaria y recordó que actualmente son 16 los niños con cáncer en Chilecito. “No es un día para festejar, es un día para concientizar. Donar médula es simple y puede salvar vidas en cualquier parte del mundo”, afirmó.
Las actividades se desarrollaron en el Parque de la Ciudad y fueron organizadas por la Fundación Chilecito en Marcha. Hubo paseo en el trencito por distintos puntos de la ciudad, pintura facial, canto y baile, comparsas y un emotivo lanzamiento de globos dorados en memoria de los niños que ya no están.
Desde la organización agradecieron especialmente el acompañamiento del secretario general de la Gobernación, Ricardo Herrera, quien a través del Gobierno de La Rioja colaboró para que los pequeños pudieran disfrutar de una merienda, regalos y sorpresas durante la jornada.
Las familias coincidieron en un mensaje común: la información y el acompañamiento pueden marcar la diferencia. Donar sangre, donar médula y prestar atención a síntomas que se repiten en los chicos son acciones simples que pueden salvar vidas.
La jornada dejó una idea clara y necesaria: la lucha contra el cáncer infantil no es individual, es colectiva, y una comunidad unida puede transformarse en esperanza.