El resultado fue devastador: 194 personas murieron y más de 1.400 resultaron heridas. La mayoría eran jóvenes que habían ido a disfrutar de la música. La tragedia destapó fallas graves en los controles, la sobreventa de entradas y la responsabilidad tanto empresarial como estatal.
Desde entonces, Cromañón se convirtió en un símbolo de memoria, justicia y prevención. Cada año, familiares y sobrevivientes recuerdan a las víctimas y reclaman que nunca más la negligencia y la falta de controles pongan en riesgo la vida.