La jornada fue establecida en 2002 en homenaje a las víctimas del Golpe de Estado en Argentina de 1976, que dio inicio a un régimen marcado por el terrorismo de Estado y graves violaciones a los derechos humanos.
Durante esos años, miles de personas fueron perseguidas, detenidas y desaparecidas, en un contexto de represión que dejó una huella profunda en la sociedad argentina.
A más de cuatro décadas de aquellos hechos, el 24 de marzo se mantiene como un día de reflexión colectiva, donde la memoria cumple un rol fundamental para construir una sociedad más justa y democrática.
El reclamo de verdad y justicia sigue vigente, impulsado por organismos de derechos humanos y por nuevas generaciones que continúan levantando esas banderas.