Una fotografía compartida por el vecino Poli Badul nos abre una ventana al pasado. En la imagen —probablemente tomada en las décadas del ’50 o ’60— se puede ver claramente la terraza, los dos pilares y, de fondo, la inmensidad de los cerros nevados. Abajo, Chilecito aparece pequeño, tímido, todavía en crecimiento, muy diferente a la ciudad que conocemos hoy.
Con el tiempo, ese mismo lugar fue transformándose en un punto icónico para la comunidad. Allí se levantó el Cristo del Portezuelo, una figura que no solo se convirtió en referencia turística, sino también en un símbolo espiritual y cultural para la gente de la región.
Hoy, cientos de personas suben cada año a disfrutar la vista panorámica, sacar fotos, caminar, hacer deporte o simplemente contemplar el atardecer. Pero pocos saben que bajo los pies del Cristo todavía vive la historia de aquella vieja terraza que alguna vez fue un mirador sencillo, pero lleno de futuro.