Pero lo más grave vendría después.
Alejo denunció que, dentro de la comisaría, un efectivo le advirtió a su familia que no acusaran a la Policía, sugiriendo que su padre podría tener problemas si lo hacían.
A pesar de las amenazas, la familia avanzó con la denuncia. Incluso, el propio joven encontró el proyectil incrustado en el apoyacabeza de su vehículo al día siguiente, prueba que hoy forma parte del expediente.
En la causa hay cinco policías señalados, pero según el testimonio ninguno fue apartado de sus funciones.
A tres años del hecho, el expediente sigue sin resolverse.
El impacto emocional también fue profundo. Alejo dejó el deporte, cambió su rutina y asegura que aún hoy vive con miedo.
“Lo único que quiero es que se haga justicia”, expresó.
El caso vuelve a poner en debate el accionar policial y la necesidad de respuestas en hechos de extrema gravedad ocurridos en la ciudad.